martes, 7 de mayo de 2013


 Lo difícil de empezar a escribir teniendo la idea pero no sabiendo que decir, es justamente eso. No saber qué decir.
Pareciera que lo que uno piensa es mucho más sencillo de escribir con la mente que expresarlo en una hoja o cualquier otro lugar, si alguien pudiera entrar en mi mente seguramente pensaría que vivo atrapada en una película romántica, de suspenso y fantasía o más bien atrapada en una novela, de esas que te capturan para dejarte una marca por siempre, marca imborrable.. Bueno así me siento yo a diario.
Este último tiempo creo que estoy tratando de encontrar a alguien que me pueda entender, o que sienta lo mismo que yo, pero parece que muchas personas solo les importa lo que pase más allá de su mundo. No sé si soy así yo también, todos tenemos ego, solo que algunos lo potencian más que otros..
Estoy estancada, perdida, hundida, creo ver como todo cae a mi alrededor. Estoy tirada en el frío piso, y esta vez ya ni siquiera sé si esto es el suelo o estoy flotando con los ojos abiertos. ¿Por qué me siento así? Bueno, les voy a contar un poco mi situación.
La gente dice que siempre tenemos que escuchar a nuestro corazón…pero, ¿Qué pasa cuando el corazón dice lo que la mente tendría que aconsejar y viceversa?
Hace tres semanas y 4 días que lloro todas las noches un poco solo para encontrar alivio, las confusiones no se hacen esperar y convierten mis pensamientos en una gran enredadera, y si se preguntan el ¿por qué?, es sencillo. Estoy enamorada. Estoy dolida. Estoy ilusionada y desilusionada.
Mi mente, mis pensamientos me dicen: “Si lo amo tanto como yo digo amarlo, debería luchar, no me puedo rendir, aceptar el adiós y ya, no importa lo que haya pasado si con él fui feliz y lo puedo seguir siendo que no lo deje ir”. Pero, mi corazón me grita muchas otras cosas: “Para él nunca fui nada importante, después de este tiempo si él no me busco es que ya no queda nada de amor entre ambos, seguro haya otra, su corazón nunca fue mío”.
Es cierto que las personas nunca terminan siendo de nadie, pero cuando eras el guardián de tantos besos, de tantos secretos, de tantas miradas entre otras cosas, cuando el corazón era tuyo y de nadie más. En ese momento, podías jurarle al cielo y podías ponerte ante cualquier Dios y gritarle al mundo que todo en el universo puede ser eterno. Lo que nunca pudiste entender es que mientras le gritabas al mundo, le jurabas al cielo y te ponías ante tu Dios, te olvidabas de susurrarle al corazón que siempre ibas a estar presente. Y es justo en ese momento que la realidad te arrolla con toda su furia, porque el amor que protegías se levanto de tu lado, decidió besar tu mejilla, mirarte a los ojos y decirte “Adiós”.
Cuando todo tu pequeño mundo empieza a dar vueltas, podrías llegar a ver el vacío en el atardecer, la noche eterna, el agua nublándote la vista y caes en la cuenta de que nunca fuiste guardián de nada, no pudiste dar lo mejor y si lo hiciste, le diste el amor a alguien que no lo merecía. ¡¡No lo merecía!! Pero seguís apostando a la posibilidad de una segunda oportunidad, apostando al cambio, apostando a las pocas fuerzas que te quedan para no terminar de derrumbarte…
Lo más triste es que escribo con la esperanza de que si tuve su amor en algún momento, obtenga solo un minuto de su tiempo para que pueda saber que todavía sigo aferrada a lo que era nuestro, los sueños, las bromas, las metas. Tengo la esperanza de que algún día de estos me entere que pregunto por mi y que no solo soy un punto blanco en su memoria. Pero también quiero que sepa que ya no siento culpa, que yo di todo lo que aprendí a dar por amor, que puedo seguir aprendiendo, pero no puedo obligarlo a que aprenda conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario